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(El Observador) El lunes 13 de febrero la temperatura subió hasta 35°. La demanda de energía eléctrica fue mayor a la prevista y marcó un récord histórico, con un pico de potencia pasado el mediodía. A lo largo de ese día, la mayor parte de la energía provino del viento, y le siguieron las importaciones desde Brasil. También se usaron, en menor medida y a distintas horas, motores de Central Batlle, el Ciclo Combinado, la central de Punta del Tigre, las cuatro represas hidroeléctricas, biomasa y energía solar.
Ese complejo entramado de piezas del sistema eléctrico -se ajusta las 24 horas los 365 días del año- permitió asegurar el abastecimiento de energía a los hogares sin sobresaltos, disminuir los costos de generación térmica, cuidar el recurso agua e incluso vender excedentes de eólica hacia Argentina en la madrugada, cuando la demanda local era más baja.
Ese escenario de menor producción de energía hidráulica hizo que en el arranque de año los costos de UTE se dispararon. En enero el ente desembolsó alrededor de US $60 millones (en gasoil y fueloil) para encender sus centrales térmicas.
Las cifras oficiales muestran que entre el 5 y el 22 de febrero se importaron 172 gigavatios hora (GWh), por un total de US $10 millones. El precio medio que se pagó por esa energía fue de US $58 MWh, según datos proporcionados por UTE a El Observador.
La energía eléctrica de origen brasileño fue casi el 30% de lo que se consumió en Uruguay durante los primeros 18 días de febrero en los que tuvo participación en el sistema. La transferencia energética se hace por la estación conversora de Melo-Candiota, que permite un trasiego por una potencia de hasta 500 MW.